Diego Díaz es historiador y directivo de la Asociación Cultural La Ciudadana de Uviéu

Pocas veces somos conscientes y valoramos en su justa medida la persistencia en la sociedad asturiana, contra viento y marea, de una masa crítica de personas que sostiene ese buen puñado de iniciativas culturales, sociales y ciudadanas que siguen alimentando en nuestra tierra espacios de conocimiento, debate y participación, tan necesarios como la Sociedad Cultural Gijonesa. A pesar de su envejecimiento, Asturies sigue manteniendo vivo ese hilo centenario de cultura e ilustración popular, que arranca con los Ateneos y las Casas del Pueblo del movimiento obrero anterior a la Guerra Civil, reaparece en el inquieto y militante archipiélago cultural del antifranquismo y la Transición, y desemboca hoy día en las múltiples iniciativas que siguen dando de diferentes formas la batalla por una sociedad civil viva, activa y comprometida. Por su actividad, por su tradición, por el número de personas asociadas y por su impacto en los grandes debates de la ciudad en la que se asienta, me atrevería a decir que la Sociedad Cultural Gijonesa, sigue siendo medio siglo después de su fundación, el buque insignia de esa corriente histórica a la que me refiero. La Cultural hace política sin ser un partido político, y opina de lo que pasa en Xixón, al mismo tiempo que organiza una conferencia sobre China, la presentación de último libro de Enric Juliana, una proyección de John Ford o una cata de vinos.

En la variedad está el gusto, y en la transversalidad la clave para trascender guetos y capillas, y ganarse el respeto de amplios sectores sociales más allá de la propia tribu. La Cultural ha logrado todo eso sin renunciar nunca a ser un espacio cultural orgullosamente ubicado en la izquierda transformadora, pero que sabe relacionarse sin sectarismos con el mundo que le rodea. Desde Uviéu y desde el resto de Asturies nos toca aprender mucho de nuestros amigos y compañeros de Gijón en el camino de hacer de nuestras asociaciones y entidades proyectos tan serios y solventes como la Cultural Gijonesa. Superar el minifundismo, tomarnos en serio lo que nos traemos entre manos y aumentar la escala (también económica) de nuestras estructuras chocan con las viejas inercias, los miedos a lo desconocido y todas esas resistencias mentales que debemos ir venciendo si realmente queremos influir desde el mundo de la cultura en la marcha de la sociedad asturiana en un sentido progresista y transformador. Avanzo aquí algunas de las tareas que ese difuso movimiento cultural asturiano tiene pendientes de cara a la nueva década: más implantación territorial, mejor coordinación, diversificación de actividades y modernización de nuestra imagen y nuestros contenidos para así también renovar y rejuvenecer nuestros públicos. Casi todo está por hacer en la construcción de ese polo cultural alternativo a la hegemonía neoliberal, y hacerlo puede ser una aventura apasionante.

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