Gloria Sanz Testón es profesora jubilada, Primer Premio de Ensayo “Conde de Campomanes” y socia fundadora de la Sociedad Cultural Gijonesa.

Entre las cartas del Canónigo D. Miguel del Riego, que D. Álvaro Ruiz de la Peña tuvo la amabilidad de facilitarme cuando realice mi tesis de licenciatura, se halla un memorándum que recordé haber leído por aquel entonces, y que a raíz de un artículo aparecido en prensa este año me vino in mente.

El artículo que salió en prensa trataba del sable del General Riego que fue entregado en 2010 al Ayuntamiento de Oviedo y se preguntaba el autor si sería  autentico, puesto que otro existe en el Congreso de los Diputados o si el General tendría más de un sable , cosa poco probable a su parecer.

Existe mucha bibliografía sobre Don Rafael del Riego pero tomare como base de estudio dos libros publicados en 1824. por ser tan cercanos a la muerte del General. El primero es de su Ayudante de Campo George Mathewes, The last military operations of General Riego, publicado en Londres a su regreso de la cárcel madrileña en la que estuvo encarcelado cuando fue capturado junto con Riego, Mariano Bayo y el italiano Virginio Vicenti. El segundo libro es una obra anónima publicada en Ausburg titulada: Don Rafael del Riego’s Lebe und Hindericht.

Intentaremos seguir el rastro del sable durante la corta vida del malhadado defensor de las libertades constitucionales.

Sabemos que el teniente coronel Don Rafael del Riego proclamó la Constitución de 1812, en Cabezas de San Juan, Sevilla, el 1 de enero de 1820, portando su propio sable. Este sable lo ofrece Riego al Congreso de los Diputados el 16 de marzo de 1822 y le fue devuelto al día siguiente (acordándose que se grabase la famosa inscripción) para  que lo usase durante su vida y defendiese la Constitución.

Con esta misma espada damos por supuesto luchó y fue derrotado en Jódar (Jaén). Solo quedaba intentar salvar a los supervivientes y Riego les manda que se disuelvan e intenten ponerse a salvo y él se queda con tres compañeros. Delatado y capturado en el cortijo, hoy propiedad de la familia Jiménez Pasquau, cerca de Arquillos por Pedro López Lara, Mateo López Lara, Vicente Guerrero, el alcalde de Arquillos y vecinos armados  llevaron a los cuatro hombres al comandante de los realistas de Arquillos, José Antonio Arraque. No me cabe duda que no dejarían de ser desarmados. Busco y encuentro un pasaje en el que dice lo siguiente:

…“El cabecilla de la multitud gritó ¡Viva el Rey Absoluto”. Después de acercó al general, a quien parecía conocer, y juró que le atravesaría sino se unía al mismo grito. El General respondió fríamente: ”No puedo hacerlo, soy miembro de las Cortes!” El comandante francés intervino en este momento y dijo: ”¿Qué derecho tiene a insultar al General, por otra parte esta desarmado, no obstante yo tengo una espada y si no se comporta Ud. mejor verificaré su bravura.” (The last military operations, pág. 43) –

En la Gaceta extraordinaria de Madrid  17 septiembre de 1823 leemos

“…..El Comandante civil de la población de Arquillos, dependiente de esta Intendencia con sus colonos solos y sin más soldados, son los beneméritos aprehensores. Dios guarde a V. E. muchos años. Carolina, 15 de Septiembre de 1823. Intendente Interino: Juan José Caballero”

Al conocer la captura de Riego el General francés Antoine Henry de Latour-Foissaac (1782-1855),  había enviado un cuerpo de húsares para que fuesen conducidos los cuatro desde La Carolina a la cárcel de Andújar.

Hasta aquí creo que podemos ver que el sable perteneciente a Don Rafael del Riego ha pasado a otras manos. ¿Quién ha desarmado al General y que ha sido de su arma?

Pero creo que hubo un segundo sable.

Veamos la obra anónima Don Rafael del Riego’s Leben und hinrichtung. Eine biographische Skizze für Freunde des Geschichte

“Riego fue llevado de La Carolina a Andújar el 15 de septiembre y llevado a las ocho de la tarde toda la población estaba afuera en la calle. El débil séquito francés apenas podía contener la ira de la ignorante chusma y de los despreciativos monjes. Gritaban como lobos asesinos; “Viva Fernando! Muera Riego!”.

“Cuando llegó, Riego tenia al coronel inglés a su lado, que había sido cogido con él. Ambos iban a caballo, con levitas grises sin distinción Cuando Riego llegó a Andújar, frente al balcón desde el que había hecho vibrar a la gente el año anterior, se volvió hacia el oficial francés que le acompañaba y no dudó en hacer referencia a la multitud: “Este pueblo que hoy veis tan amargado, que me estrangularía sino me acompañarais, me ha llevado en triunfo el año pasado y la ciudad me ha regalado un sable de honor “. (pág. 41)

De lo que se desprende que Don Rafael del Riego poseyó más de una espada, particularidad  nada extraña en una persona que como él pertenecía al ejército. Otra labor bien diferente es seguir el rastro de las espadas, pero se podría intentar en otro momento.

En su exilio londinense Don Miguel dedicó todos sus esfuerzos a reivindicar la memoria de su hermano, y para lograrlo (puesto que él no parece se viese a sí mismo como literato), quiso que alguien con mayor talento  escribiese la vida de su hermano el General D. Rafael del Riego.

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